HEY THERE! I AM USING WHATSAPP

Que WhatsApp es una herramienta que nos ha enviado Satán desde su Reino subterráneo es algo que todos deberíamos tener ya meridianamente claro: es altamente probable que haya causado más derrumbes emocionales que las canciones de Pablo Alborán y más malentendidos que la sexualidad de Falete. Pero incluso así, sigue ejerciendo una fuerza de atracción irresistible sobre todo aquel que posea un smartphone y una conexión wifi mínimamente decente. Es precisamente esta fascinación irracional la que nos ha impulsado a adentrarnos en el vasto y pluripatético mundo de los mensajes instantáneos. En esta primera entrega, nos centraremos en los estados de whatsapp, esas maravillosas perlas de ingenio sin afilar que bien merecerían ocupar un puesto de honor en la historia de la literatura aneuronal (justo al ladito de las Tuenti-parrafadas que escribías a tus tiernos catorce años).

Y es que la elección de nuestro estado de Whatsapp no es una decisión banal. En apenas una línea, debemos resumir la profunda complejidad de nuestros sentimientos amorosos, nuestras incansables ganas de fiesta y despiporre, nuestros anhelos e inquietudes existenciales pseudo-inventadas, así como lo mucho que queremos a nuestra madre llegado el primer domingo de mayo.

IMG_0824

La evolución en el protagonismo intencionado de estas mini-sentencias se ha marcado un in crescendo curioso, cuanto menos: lo que en un primer momento fue una rendija amable e inocua ha mutado en un boquete de desproporcionado diámetro, desde el que permitimos que nuestras necesidades exhibicionistas luzcan en todo su esplendor. Hemos adquirido la astucia necesaria para mandar ponzoñosas indirectas a “esa” persona vía estado de Whatsapp, indirectas que en múltiples ocasiones no son del todo discretas. Con un sencillo a la par que elegante ijo de pta pq me aces esto??? (la paliza a las reglas ortográficas se justifican por el dolor post-ruptura) informamos al Universo de que planear la boda tras tres semanas de conocerse en un after hours quizás no fue la decisión más lúcida de nuestra vida. El posterior Podré perdonarte pero no podré olvidarte y su consecuente Te quieroo mi vida!! trazan un riguroso historial de nuestros devaneos amorosos más detallado que el Bovary de Flaubert.

¿Lo mejor de todo? Que el estado whatsappil conserva aún muchas facetas por explotar: desde hacerse pasar por una sensible criaturita de alma atormentada con el copy-paste de versos becquerianos, a pesar de que no hayamos tocado Rimas ni con un palo, pasando por fragmentos de canciones en el idioma de Shakespeare, obviando con estilo que no nos hemos sacado ni el First, para finalizar con frasecillas jocosas que, por comparación, posicionarían a Carmen de Mairena como exponente de humor refinado.

Otro tema aparte son los estados encargados de hacer saber a todo bicho viviente a qué maravilloso y paradisíaco rincón del planeta te has escapado este verano. Un repaso rápido a los estados de nuestros contactos en época estival nos confirmará que gran parte de ellos están protagonizados por el nombre de la ciudad de turno, seguido por un corazón, un avión, una palmera o, si el autor se encuentra en su punto álgido de creatividad, un Sol con cara de bebé viejuno (sí, ese Sol tan siniestro).

Mención especial merecen aquellas personas con complejo de artista conceptual ruso de los años 80. Un globo rojo. O una sandía. La escultura de las islas de Pascua. Un diamante tallado. Esos casos en los que una mierda sonriente estampadaen la cara sería la respuesta más apropiada ante tanto minimalismo icónico. Estos seres misteriosos, que se mueven entre los límites de la nebulosa semiótica y el mamarrachismo pop, ¿qué hacen con sus vidas? ¿a qué dedican el tiempo libre? ¿qué clase de adulterante de psique les han inoculado para que hayan creído conveniente insertar una berenjena como respuesta a su situación vital? Queridos: QUEREMOS SABER. NECESITAMOS SABER. Los personajillos de arriba nos han convertido en bestias devoradoras de privacidad. Así que ahora no os hagáis los estrechos.

Sin embargo, mi preferido de todos ellos es el que se encuentra “Ocupado.” Ocupado, ¿verdad? Sí. Por supuesto. Ocupado. No solo ocupado, sino lo suficientemente ocupado como para que “ocupado” sea su adjetivo de presentación. Obviamente, es la frase preferida de gente pretenciosa, con un mal disimulado complejo de superioridad y sin ocupación conocida (si tienes amigos artistas, seguramente lo habrás constatado). Mi humilde consejo: guarda las distancias con los contactos que se declaren ocupados. Por favor, si ni siquiera son capaces de ocultar que su última conexión fue hace tres minutos…

 Texto Sandra Viciana, fotografía Arnau Solé.
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s