El Grinch es postmoderno

En Villaquién (El Grinch, 2000) eran unos abanderados del kitsch y unos entusiastas de la Navidad. Es difícil odiar al Grinch que allí habita cuando no puedes evitar sentirte identificado ante tanta euforia generalizada y la predominante estética decorativa del horror vacui.

La navidad kitsch

Tenemos que admitirlo, llevamos un Grinch dentro de nosotros que lucha por salir en estas fechas del año aunque reprimido por convención social. Pero eso se acabó, ni discurso del rey ni galas casposas en la televisión. Si ya estás cansado de cenar lo mismo desde Noche Buena hasta el día de Reyes, si estás harto de felicitar las fiestas a gente de la que no te has acordado el resto del año, si ya no te apetece fingir que te interesa la vida de tu prima cuarta por parte de madre, aquí van unos consejos para disfrutar de la Navidad de otra manera. Que no implica que sea más divertido para los demás.

  • Darle los polvorones al perro: Uno solo de esos puede dejarte inconsciente todo el día, así que no digamos todos los que tu abuela intenta que te comas. Estoy segura de que si los españoles viajasen al espacio, esta sería la comida de los astronautas (por pequeño y contundente).

  • Predicar el Corán en Sol: Probablemente no consigas ningún adepto, pero te vas a reír seguro con las caras de la gente.

  • Mantenerte sobrio en la cena de empresa: Permanecer sobrio una noche nunca pudo traer tantos beneficios. Tus compañeros de trabajo se sentirán avergonzados de lo que hicieron el resto de los 364 días del año ya que tú te encargarás de recordárselo. El chantaje es opcional.

  • Aderezar las uvas con pimienta: Si ya de por sí es un show ver como la gente intenta comerse las uvas a tiempo, imagínate si además echas pimienta. Es más eficaz para hacer zumo que aplastarlas con los pies.

  • Regalar a tus primos/sobrinos un ejemplar del código penal por Reyes: No serás el más popular entre la joven descendencia, pero es un regalo útil a la par que educativo, y lo mejor de todo, no tienes ni que rozar el Corte Inglés para comprarlo.

  • Grabar el discurso del rey:  Una vez que te hagas mayor y ya no te queden libros de leyes que regalar, una recopilación de todos los discursos en orden cronológico puede ser lo siguiente que menos se esperen. Si aún así te siguen queriendo ya no hay nada más que se pueda hacer.

  • Llevar gafas de sol para evitar que el destello de las luces dañe tu retina: Esto es por salud.

  • Invitar a un chino a la cena de Navidad: Qué mejor que invitar a un desconocido a cenar para predicar con  el ejemplo de bondad cristiana. Además fomentas la intercultura y es una buena manera de esquivar preguntas incómodas (por aquello de que los trapos sucios se quedan en familia). Y de todas formas, el chino al que le compras las grapas lo conoces mejor que a tu prima cuarta por parte de madre. 

Texto e imagen por Clara Raposo.
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