MAD MEN: La Grande Fin

mad coca cola

Cuando se acaba una serie tan importante para la ficción televisiva hablar de ella en tu blog con pretensiones es casi una obligación para cualquier seriéfilo. Remontarse a los primeros capítulos y hacer una retrospectiva requeriría una memoria de la que carezco, por lo que voy a hablar del final. Los creadores tenían el reto de seguir fieles al carácter de los personajes y a la vez sorprender, que ocurriese que provocase una reacción en ellos.

(Aquí empiezan los spoilers)

Para mí el final más decepcionante fue el de Peggy. Después de un gran ascenso del personaje de secretaria a directora creativa, ella no se merecía acabar con un subordinado, por muy amigo que fuese. Desde que dejó de ser secretaria Peggy no ha dejado de mirar más alto, de apuntar más lejos, por lo que si quiera fijarse en un empleado a su servicio me parece extraño en ella. Recordemos que anteriormente se había enamorado de su jefe y fue consciente de ello, no una reflexión repentina en medio de una conversación, como ha ocurrido esta vez. En cuanto al rechazo de la oferta de Joan, es una decisión que forma parte del personaje, ya que a ella no trata directamente con los clientes, ella se dedica a pensar los anuncios.

Joan ha tenido un destino agridulce, se dio cuenta que no podía ser madre-esposa-trabajadora y estuvo dispuesta a renunciar a ser madre, pero no estaba dispuesta a renunciar a trabajar. Esta decisión trasciende más allá de dejar una ocupación a los 35 años y ver una perspectiva vacía de tu vida a pesar de estar con la persona a la que amas. Joan decide crear su propia empresa lo que implica seguir luchando, luchar por la igualdad y porque la tomen en serio. Es un acto de rebeldía.

Roger ha encontrado la persona con la que intentar vencer el aburrimiento de la experiencia vital. Los dos igual de imprevisibles, los dos igual de infantiles, por primera vez el mundo no gira solo al rededor de Roger. Peter también ha encontrado su sitio, ha sabido rectificar y ha sido consciente de lo que le podía pedir a la vida y ahora viaja en avión privado.

La inminente muerte de Betty y la incapacidad de Don para encargarse incluso de sí mismo han puesto a Sally en una posición difícil. Si algo nos ha enseñado la serie es que madurar es una utopía y que los adultos por el hecho de ser más mayores no quiere decir que sepan lo que hacen. Esto a Sally le ha pasado factura, teniendo que tomar decisiones que no le pertenecían y renunciando a sus inmediatas aspiraciones para hacerse cargo de sus hermanos. Aun así el ser tan joven no implica que se resigne para siempre, yo me la imagino una Joan o una Peggy, luchadora e independiente.

Finalmente Don, con una crisis de identidad permanente en la que recae cada vez que recibe una decepción. Buscando nuevas experiencias esta vez se refugia en la meditación. No voy a hablar de esa escena en la que Don se siente ignorado por la gente a su al rededor expresado en las palabras de un simple oficinista, ya que el final de anuncio de Coca Cola es la vuelta a la rutina. El creador insinúa que de esa experiencia Don crea el nuevo anuncio de Coca Cola, negando lo anteriormente construido en el capítulo.

De forma general, me ha gustado la serie y me ha gustado ver los pequeños-grandes problemas diarios que crean grandes conflictos internos. Conflictos que nos pertenecen un poco a todos porque trascienden más allá de una época.

Texto e imagen por Clara Raposo.
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