Tipos de gente en conciertos

La fauna de un concierto tiene códigos propios, por una vez que te pisen o pisar a alguien no es motivo de rencor y que te caiga líquido en la cabeza solo implica el deseo de que sea agua o cerveza en vez de pis. También es la ocasión perfecta para hacer amigos igual de obsesionados que tú.

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Aquí van los diferentes tipos de gente en los conciertos.

  • El de la cerveza y el cigarrillo. Que alguien me explique qué lógica permite estar en un lugar atestado de gente bailando, bebiendo una cerveza y pretender mantener la integridad de esta. Lo del cigarrillo es para evitar sacar el mechero en las canciones lentas (o eso dice él). Haría un favor a todos quedándose lejos de la acción.
  • La putifan que grita más que el bafle. En este caso lo único que puedes hacer es huir. Nada puede hacer razonar a una fan con abstinencia de su ídolo. Consejo: procura no entablar conversación con ella, te contará la vida del grupo y quedarás en evidencia por no saberlo y no ser “un buen fan”.
  • La amiga arrastrada. Esa que está en segunda fila y que se mueve menos que un poste de la luz, esa que cada vez que la rozas te mira con cara de asesina. El mal de todos los conciertos y la pesadilla de muchos cantantes ya que matan el ánimo más rápido que la marcha fúnebre de Mozart.
  • El dogrado. Es ese que salta que se mata hasta con ‘Yesterday’ y que no le importa irrumpir en fotos ajenas en una necesidad imperiosa de hacer nuevos amigos (o enemigos). Consejo: no bailes cerca de su perímetro de influencia o no te lo podrás quitar de encima nunca más.
  • El que solo va a ligar. Además de latin lover se las da de entendidillo y no puede evitar dar su opinión a su víctima (que suele ser una chica que está ahí solo por curiosidad )sobre el grupo en cuestión. Datos tan necesarios como “El concierto que hicieron en tal estuvo mucho mejor” o “Estos solo hicieron el primer disco bueno y ahora viven de su fama.”
  • El que vende cerveza con la mochila. Cuando lo encuentras en medio de un concierto de Queens of the Stone Age, es motivo de piedad.
  • El que lleva la misma ropa que el cantante. TIERRA-TRÁGAME
  • El que no se sabe ninguna canción, pero finge que sí tarareando los estribillos. TIERRA-TRÁGATELO.
  • El ingeniero de sonido, que te explica que la acústica no es buena y los motivos. Lo que no parece percibir es que la razón principal por la que no oyes es porque él está disertando en tu oreja.
  • El primera-fila, que lo montan con el escenario a primera hora. Se caracteriza por una increíble capacidad para estar horas y horas de pie y una vejiga que ya la quisieran para sí los guardias del palacio de Buckingham.
  • Los 2.0, que ven el concierto en directo a través de la pantalla del iPad o móvil de 32″. Si bien están más pendientes de la grabación que del concierto en sí, lo bueno es que siempre puedes ver la actuación por su pantalla en caso de que alguien te tape la visión.
  • Los 2.0 pesados, son aquellos que no paran de hacerse fotos y actualizar sus redes sociales dejando constancia de que han estado ahí. La realidad es que da igual el artista que actúe, el caso es dejar claro que molas mucho.
Escrito por Clara Raposo y Daniel Pérez Pamies. Imagen por Sandra Viciana.

BOYHOOD: La película de una generación

Hay dos tipos de personas: aquellas a las que les gusta Boyhood y aquellas a las que no. Porque no todo el mundo puede entenderlo, se trata de una película que habla de una generación, la Generación 2000. Habla de todos los que hemos crecido con Harry Potter, jugamos a la Gameboy Advance y ahora subimos nuestra vida a Facebook. Sin duda son temas colaterales que no impiden disfrutar de la película, pero acordarse de uno mismo en la niñez compartiendo los mismos hábitos va más allá de la calidad cinematográfica, independientemente de como esté rodado tiene un valor similar a una fotografía.

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La vida del protagonista podría haber sido la de cualquiera de nosotros, más allá del contexto en el que se desarrolla todos podemos identificarnos en algún sentido bien porque tenemos un hermano o nuestros padres están divorciados o porque nos hemos mudado alguna vez. Si además uno tiene inquietudes artísticas puede verse representado en esa sensación de incertidumbre, de no saber qué hacer ni qué esperar de la vida. Simplemente aprovechar lo que llega e ir decidiendo sobre la marcha.

Una de las cosas que más me gusta de la película es que el director selecciona momentos cualesquiera, sin ser especialmente determinantes diciendo así que todo en nuestro conjunto crea nuestra identidad. No se muestra ni el primer beso, ni cuando perdió la virginidad, ni como consiguió su primer trabajo etc, sacudiendo así el cliché de que los mismos elementos que marcan la vida de todos. Más bien lo que marca la vida es tu relación con las personas.

Esta es una película que la gente más mayor no puede entender ya que ha olvidado esa sensación que se tiene al tener todas tus posibilidades en tus manos pero no saber que hacer con ellas porque no sabes quién eres. Todos aquellos que vengan después el contexto no les dirá nada y les parecerá estúpido que alguien espere horas para comprarse un libro o se plantee estar en las redes sociales. Es un vivo reflejo de nuestra generación en el momento de nuestras vidas que más nos hace falta, cuando no sabemos quién somos, pero tenemos el consuelo de no ser los únicos.

Texto e imagen por Clara Raposo.

El Grinch es postmoderno

En Villaquién (El Grinch, 2000) eran unos abanderados del kitsch y unos entusiastas de la Navidad. Es difícil odiar al Grinch que allí habita cuando no puedes evitar sentirte identificado ante tanta euforia generalizada y la predominante estética decorativa del horror vacui.

La navidad kitsch

Tenemos que admitirlo, llevamos un Grinch dentro de nosotros que lucha por salir en estas fechas del año aunque reprimido por convención social. Pero eso se acabó, ni discurso del rey ni galas casposas en la televisión. Si ya estás cansado de cenar lo mismo desde Noche Buena hasta el día de Reyes, si estás harto de felicitar las fiestas a gente de la que no te has acordado el resto del año, si ya no te apetece fingir que te interesa la vida de tu prima cuarta por parte de madre, aquí van unos consejos para disfrutar de la Navidad de otra manera. Que no implica que sea más divertido para los demás.

  • Darle los polvorones al perro: Uno solo de esos puede dejarte inconsciente todo el día, así que no digamos todos los que tu abuela intenta que te comas. Estoy segura de que si los españoles viajasen al espacio, esta sería la comida de los astronautas (por pequeño y contundente).

  • Predicar el Corán en Sol: Probablemente no consigas ningún adepto, pero te vas a reír seguro con las caras de la gente.

  • Mantenerte sobrio en la cena de empresa: Permanecer sobrio una noche nunca pudo traer tantos beneficios. Tus compañeros de trabajo se sentirán avergonzados de lo que hicieron el resto de los 364 días del año ya que tú te encargarás de recordárselo. El chantaje es opcional.

  • Aderezar las uvas con pimienta: Si ya de por sí es un show ver como la gente intenta comerse las uvas a tiempo, imagínate si además echas pimienta. Es más eficaz para hacer zumo que aplastarlas con los pies.

  • Regalar a tus primos/sobrinos un ejemplar del código penal por Reyes: No serás el más popular entre la joven descendencia, pero es un regalo útil a la par que educativo, y lo mejor de todo, no tienes ni que rozar el Corte Inglés para comprarlo.

  • Grabar el discurso del rey:  Una vez que te hagas mayor y ya no te queden libros de leyes que regalar, una recopilación de todos los discursos en orden cronológico puede ser lo siguiente que menos se esperen. Si aún así te siguen queriendo ya no hay nada más que se pueda hacer.

  • Llevar gafas de sol para evitar que el destello de las luces dañe tu retina: Esto es por salud.

  • Invitar a un chino a la cena de Navidad: Qué mejor que invitar a un desconocido a cenar para predicar con  el ejemplo de bondad cristiana. Además fomentas la intercultura y es una buena manera de esquivar preguntas incómodas (por aquello de que los trapos sucios se quedan en familia). Y de todas formas, el chino al que le compras las grapas lo conoces mejor que a tu prima cuarta por parte de madre. 

Texto e imagen por Clara Raposo.

While the City Sleeps

El graffiti es difícil no asociarlo con el vandalismo. Y cómo: hay que reconocer que da asco pasar por una zona llena de firmas monocromáticas y sucias, unas encima de otras y sin ningún esmero estético. Los viejos dicen que son gamberradas de algún adolescente que empieza a desarrollar su resistencia a las reglas; y no están del todo desencaminados. Pero hey, de ahí a condenar todo lo relacionable con el Graffiti hay un paso. Un paso muy feo.

Pasar de la firma con un spray negro, sin relleno ni caligrafía, sin color ni forma, a la firma bicromática básica de cualquier persona que lleve más de unos meses saliendo a pintar, es pasar del vándalo bruto al vándalo sensible. A ver quién niega que para acabar una firma bicolor y con cierto volumen, hay que tener un mínimo de estilo –por muy hortera que sea. De ahí, el vándalo del spray sigue su evolución en términos de estilo y técnica.

La gracia está en sacarle el mayor partido a la ciudad, a cada pared, cada escalera, cada puente. Está en sorprender y llamar la atención, está en que los que comparten tu afición sepan quién eres y que no eres un mierdas. El caso es impresionar.

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París, Quais de Seine, 2011.

Ya que estamos hablando de esto, se me ocurre así de repente que el Arte, tan difícil de definir, para mí es aquella creación que está destinada a suscitar emociones en el espectador, y que las suscita. Y entonces es cuando me dirijo a todo aquél incapaz de ver arte en una pintada: vale que las hay feas, pero en CUALQUIER BARRIO DE LA CIUDAD hay algo que te va a gustar. Porque sí, porque es así. Porque la gente que lo hace tiene buen gusto, saben lo que hacen, y ninguna persona, a menos que sea con mala fe, siente indiferencia hacia un dibujo pintado por alguien con ganas de llamar tu atención y de llenar la ciudad de perlas más o menos escondidas. Sal a pasear y fíjate, porque mientras la ciudad duerme, familias enteras de vándalos sensibles se encargan de darle color y vida a unas paredes que nos pertenecen a todos. Plasman en ellas el estilo que no sale por la televisión, el estilo que no se vende, el estilo del que realmente ama el color y el dibujo, el mago del placer visual.

Y que no jodan, si eso no es Arte, me dirán ellos qué lo es.

Y que jodan aún menos; si eso no es Arte por ser vandalismo, entonces Zara, Audi y Carrefour son unos criminales.

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París, verano 2013: “Laissez les murs propres” (Dejad limpias las paredes). Que alguien tenga el coraje de decirme que esta pintada no tiene encanto. ¿Cómo está más limpia esta pared: desnuda y color kaki o color kaki con una anciana vestida de blanco pintando encima?

Colaboración

Las 20 frases que jamás oirás decir a un madrileño de bien

Porque vivir en Madrid en duro, pero aguantar las frases moñas de Boa Mistura en los pasos de cebra lo es aún más. Aquí os dejamos las 20 frases que un madrileño no pronunciará jamás, os lo juramos por la verbena de San Isidro:

tio pepe

  1. Menos mal que ha venido el señor de la flauta peruana a tocar en mi vagón de metro a las ocho de la mañana para alegrarme la existencia

  2. Pagar billete de metro para una parada renta mazo

  3. No corras, que seguro que hay mesas libres en el 100 Montaditos de Atocha

  4. Qué ganas de que sea verano para poder bañarme en el Manzanares

  5. Vámonos de fiesta a Parla

  6. Me encanta ir en bici a mi trabajo y respirar el aire limpio de Madrid

  7. Como es San Isidro, ¡voy a vestirme de chulapo!

  8. Queremos la independencia catalana

  9. Voy a coger el autobús, que tengo que llegar puntual

  10. Pasear por Sol en Navidades hace que me invada un espíritu de comunión fraternal con mis congéneres

  11. La eficiencia en el sistema de alcantarillado hace que en verano casi no huela a cadáver en estado de descomposición

  12. He ido a Kapital y me he sentido respetada como mujer

  13. Mi integridad física no corre peligro a la sombra de los árboles del Retiro

  14. ¿Y si nos hacemos una foto con la sevillana de la Plaza Mayor?

  15. Mi mayor deseo es cruzar la Gran Vía para que me atropelle Esperanza Aguirre

  16. Tengo un resfriado, voy a ir al médico que seguro que me atienden antes de la Tercera Guerra Mundial.

  17. Como tengo el estómago delicado, he pensado que podíamos pedir algo para cenar en el chino de Plaza España

  18. En Madrid se nota que manifestarse es un derecho recogido por la constitución

  19. Donde estén los muffins, que se quiten los churros

  20. La Operación Retorno el 31 de agosto no existe, son los padres

Este post se ha inspirado en el que apareció para Time Out France, 75 phrases que vous n’entendrez jamais dans la bouche d’un Parisien (“75 frases que jamás escucharás salir de la boca de un parisino”).

Texto por Sandra Viciana y Clara Raposo. Imagen Clara Raposo.

Mujeres de ficción (III)

Esta última entrada está dedicada a mujeres cuyos personajes viven en otra época, sobretodo en los 50, donde para ser valorada igual que un hombre tenías que trabajar el doble y cobrar la mitad.

  • Joan Harris (Mad Men, interpretado por Christina Hendicks). Ella es la secretaria jefe de una agencia de publicidad en Nueva York en los años 50. Joan tiene 30 años y se puede decir que ha llegado a lo alto de su vida laboral, ya que es improbable que ascienda de puesto y en el plano personal, tiene un hijo y está divorciada, lo que limita sus posibilidades de volver a casarse. Sin embargo un posible cliente insinúa implícitamente que si se acuesta con ella firmará con su compañía. Ella, lejos de achantarse, acepta y consigue llegar a ser socia. Según estas circunstancias habría que preguntarse no si es que las mujeres utilicen el sexo para ascender, sino si es la única forma que los hombres dejan que asciendan. Lo que distingue a Joan de los clásicos protagonistas de telenovela es que no se hace la víctima ni dramatiza en exceso y toma sus propias decisiones para controlar su vida, no se deja manejar.

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  • Larissa Loughton (The Carrie Diaries, interpretado por Freema Agyeman). En esta serie que trascurre en los años 80 en Nueva York, se cuenta la vida de Carrie (Sexo en Nueva York) cuando era joven. Larissa es una redactora jefe de una revista de moda, contrata a la protagonista como becaria y se puede definir como su mentora en el mundo laboral. A diferencia del resto de personajes femeninos la mayor parte de sus acciones no están determinadas por un interés romántico hacia algún hombre. Es una mujer independiente, imprevisible y con una gran red de influencias, aunque también es bastante superficial. Un momento que me impresionó fue cuando, justo antes de firmar los papeles para casarse, estaba disconforme con los términos sobre la vivienda. Larissa no quería mudarse a la casa de su marido, pero tampoco quería que él se mudara a su casa ya que pensaba que cuando entrabas a vivir a casa de la otra persona, estabas ocupando un espacio personal que en ningún momento podría llegar a ser igualmente tuyo y por lo tanto perdías una parte de ti. Lo que diferencia a Larissa es que a pesar de ser alocada y aparentar superficialidad, también tiene principios y profundidad más allá de lo que se ve a simple vista.

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  • Betty (Masters of Sex, interpretado por Annaleigh Ashford). Al inicio de la serie, Betty es una prostituta lesbiana que trabaja en un burdel en los años 50. Aún así se casa con un millonario y tiene que dejar de lado la relación con su novia en favor de una vida mejor. Se trata de una mujer con mucha iniciativa y energía, que nunca se rinde y no cesa de aprender. Después de casarse, su marido se entera de quién era su antigua pareja, a pesar de eso sigue adelante y en vez de volver al burdel, aprende contabilidad y consigue un trabajo. Lo que hace real este personaje es que acepta su trabajo como prostituta y no hace de él un drama, y sin embargo si que la afecta que fue su pareja se vaya a casar con un hombre, a pesar de que ella haya hecho lo mismo. Puede que sea una reacción egoísta e injusta con la otra persona, pero ¿quién no lo ha sido alguna vez?

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Escrito por Clara Raposo