10 consejos que no son casi inventados para sobrevivir a la temporada de exámenes

  1. Practica desde un mes antes de los exámenes para que tus horas de sueño profundo coincidan en horario con el trayecto en metro de tu casa a tu centro de estudios. Ten en cuenta que las muchas horas que desperdicias durmiendo de noche pueden aprovecharse para pasar apuntes a limpio, acabar trabajos finales o empezar a ver todas las temporadas de Anatomía de Grey.
  2. Crea un trust con cinco compañeros de clase y acude a un mayorista de venta de bolígrafos.Os harán precio por comprar contenedores industriales y lo que ahorréis en economía de escala lo podéis aprovechar para compraros un barril de Red Bull.
  3. Cómprate una muñeca hinchable.Te será muy útil para guardarte el sitio en las mesas de la biblioteca y su cara de asombro parecerá muy realista ante los apuntes de Tecnología de los Materiales II.
  4. Asegúrate de no limpiar la mierda de tu mesa de estudio en dos semanas.La foto que subas a Instagram quejándote de la cantidad de materia que te queda por estudiar, con todos los papeles desperdigados por tu cuarto, tiene que exudar drama y decadencia. Nunca viene mal
  5. Compra tabaco de liar, papel y filtros.No te aconsejamos que fumes, pero ostentar el monopolio de la industria de la nicotina a las puertas de una facultad te será de gran ayuda a la hora de chantajear a un estudiante de un curso avanzado de que compartir (los apuntes) es vivir.
  6. Hazte con un candadito para cerrar la puerta de la cocina.El estudio intensivo abre las voraces puertas del apetito y te crean la terrible ilusión de que en la nevera aparecerá mágicamente algo que comer y cuya fecha de caducidad no concida con el día en el que nació la Duquesa de Alba. Pero no. Solo quedan las tristes natillas con trozos de galleta. Ah, pues no es galleta. Ups.
  7. Ten a mano el lienzo y las témperas, la cámara, el cuadernito de escribir poesía y la guitarra acústica.me quiero morir blogTodos sabemos que uno de los picos de creatividad más potentes de nuestra vida se dan cuando estamos en período de exámenes. Tendrás suerte si no te da por componer collages dadaístas como portada de todas tus carpetas.
  8. Llama a la tele para que vengan a tu casa a hacer un reportaje sobre el asco que te da 4chan. Conseguirás que te hackeen la cuenta de Twitter, Facebook, Instagram y hasta Pinterest. Pro: no perderás más tiempo stalkeando al primo buenorro de la vecina del colega del socorrista de tu pueblo. Contra: las fotos de Carnavales en las que sales borracho disfrazado de Capitán Salami se convertirán en memes.
  9. Busca un tutorial de Bricomanía sobre cómo hacer una trampilla para gatos.Te servirá para que tus padres te pasen la comida por la puerta y no tengas que salir a que el aire fresco te dañe la piel. Además, la sensación de vivir en una cárcel del siglo XVII te servirá como práctica cuando te independices y alquiles una habitación en un piso de estudiantes.
  10. Deja de leer post gilipollescos en WordPress sobre cómo sobrevivir a los exámenes finales.
Texto e imagen por Sandra Viciana
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LAS DOS AMÉRICAS

[Esta entrada está basada en un artículo de David Foster Wallace llamado “La vista desde la casa de la señora Thomsom“]

bandera

La sociedad americana siempre se ha caracterizado por su individualismo ya que la cultura protestante promueve el esfuerzo como única manera de salvación, por lo que el trabajo ocupa la mayor parte del tiempo en detrimento de las relaciones sociales. Pero como dice el autor, el atentado del 11S, unificó a la sociedad bien por el hecho de compartir el dolor personal de cada uno, bien por el hecho de que el ataque no era solo hacia las personas que se encontraban dentro de las torres gemelas en ese momento, sino a toda la población americana y por lo tanto a toda una forma de pensar. Todo aquello que representaba Nueva York, el reflejo de América al mundo, fue atacado, es decir la idea del sueño americano, en la que daba igual tu origen ya que si te esfuerzas puedes llegar al éxito. Por lo tanto, fue una ofensa que llegó al corazón de todos los estadounidenses.

Para dejar claro que se había agredido a todos los miembros del país empezaron a proliferar las banderas de Estados Unidos como símbolo de unión, como es testigo el autor: “Aunque el propósito de sacar una bandera es hacer una declaración, parece que llegado cierto punto de densidad de banderas uno está haciendo una declaración más grande si no la saca”.

La verdad es que se trataba de una falsa muestra del sentimiento americano, ya que lo que implica la unión es que se excluye a gente que queda fuera de él, es decir ciudadanos de Estados Unidos de pleno derecho y no por ello menos afectados por la tragedia. En este caso ocurrió por un lado con todas aquellas personas que decidieron no poner una bandera en el patio de su casa, aunque no por ello eran menos americanos y se habían sentido menos ofendidos. Por otro lado, los inmigrantes, tanto los recién llegados, como los ciudadanos con raíces en otras culturas, sobretodo los islamistas, se sintieron discriminados; a pesar de haber vivido varios años en Estados Unidos se les empezó a mirar con recelo.

Sin embargo, Foster Wallace deja clara su preocupación con respecto a esta América en apariencia tan unida cuando escribe: “(…) Una parte de lo horrible que resultó el Horror, venía de saber, en el fondo de mi corazón, que la América que los pilotos de aquellos aviones odiaban tanto era en mucha mayor medida mi América y la de F…y la del pobre y detestable Duane, que la de aquellas señoras.”

Si bien era una división que ya existía en la sociedad, este hecho no hizo más que acrecentarlo. Según nos relata el autor, las señoras con las que se encontraba se limitaban a rezar por las víctimas del atentado horrorizándose al pensar cómo alguien podía haber hecho algo así. Para ellas los terroristas no tenían más motivo que un odio irracional hacia su país. Sin embargo él mismo tiene otro punto de vista, lo primero que se plantea es los motivos por los que ha llegado a ocurrir lo indeseable. Wallace ve reflejada la ignorancia del presidente y su interés dedicado únicamente a su beneficio personal en gran parte de la sociedad americana, que muchas veces no es consciente de las consecuencias que tienen en los demás la propia ambición.

Personalmente opino, que hay un tercer grupo que igual que el presidente Bush, es consciente de que esta acción de terrorismo no es causa de un odio infundado a la sociedad occidental. Todos ellos saben que por un exceso de codicia y de enriquecerse a consta de otros han causado una catástrofe.

Ha llegado un momento en el que el sueño americano ha consumido a toda una cultura en la que se hace lo que sea necesario para obtener dinero y poder. En este caso, utilizaron el atentado para justificar armarse de forma preventiva contra los ataques terroristas, por eso hay gran cantidad de documentales exponiendo las dudas sobre la autoría de los ataques (como por ejemplo la probabilidad de que fuera un caza el que se estrellase contra el Pentágono y no un Boing) ya que la industria del armamento es la que más dinero mueve, por lo tanto con la que es más fácil enriquecerse.

A la larga, la mayor parte de los ciudadanos comunes empezaron a desarrollar animadversión hacia todos los practicantes del Islam en general. Habían atacado uno de los pilares de su cultura, como es el sueño americano, la idea de que con esfuerzo se puede conseguir lo que uno quiera. Nadie se planteaba que podrían haber tenido un motivo para cometer los atentados. Los medios de comunicación auspiciaron este tipo de pensamiento promoviendo una serie de prejuicios basados en la religión para promover el odio y así justificar el gasto en armamento militar.

En el artículo del libro sobre en 11S, Foster Wallace es testigo de una sociedad marcada por la codicia, los prejuicios y la manipulación de los medios de comunicación. Denuncia la ignorancia de los ciudadanos, pero también su aclamación de dicha ignorancia, ya que tampoco quieren plantearse las preguntas adecuadas para no evidenciarse a sí mismos ni a todas las ideas que abanderan.

Imagen y texto por Clara Raposo.

Desde París a Barcelona o viceversa

Sobrevolando barna

Escribo desde París, que bonito y que pretenciosos suena eso, pero no por ello es menos verdad. Ya es la segunda vez que cambio de ciudad y no puedo evitar hacer comparaciones. Esa ciudad se llama Barcelona, y de verdad que no tiene nada que envidiarle.

No sé qué tenía la capital catalana que siempre me hizo sentir como en casa, una mezcla entre lo desconocido y lo familiar que no te desprecia pero que consigue fascinarte al mismo tiempo. Calles estrechas por las que podías perderte y creerte un auténtico barcelonés y grandes avenidas con las que fundirte entre la multitud.

París sin embargo es una ciudad “mitológica”. Todo el mundo quiere ir a la Ciudad de las Luces, enamorarse delante de la Torre Eiffel y pasear por los Campos Elíseos. Pero una vez que ya no eres turista te das cuenta de que eso no es París, estar rodeado de extranjeros con zapatillas de deporte y gorras no puede ser París, me niego. Hay que buscar debajo de esa primera capa de ideas preconcebidas de romanticismo occidental. Recuerdo que cuando volví a la Torre Eiffel lo primero que vi fue una gran explanada de gente haciéndose fotos y comprando miniaturas de plástico del monumento. Me pareció un mundo completamente distinto, lo sentí como una gran falacia, la gran mentira del turista. Son dos ciudades diferentes en una. Para que me entendáis: puedes ver la Torre Eiffel desde una azotea o ver París desde la Torre Eiffel.

En Barcelona siempre me sentí a gusto. Cada barrio posee identidad propia, su esencia inconfundible pero que a la vez encaja perfectamente en un conjunto ecléctico. Allí el monumento a Colón aparece de repente entre los edificios, sin expectativas, formando parte de la misma ciudad que Montjuic y el barrio Gótico. Se puede decir que Barcelona tiene un lugar para cada estado de ánimo, pero que es imposible sentirse completamente triste allí ya que en el peor de los casos te sientes comprendido.

En París eres tú el que se tiene que adaptar a la ciudad, siempre triste y fría. Tiene personalidad más allá de una estructura metálica, eso os lo aseguro, otra asunto es que te guste. Yo no puedo evitar fijarme en los grandes ventanales de las casas, hechos casi exclusivamente para ver resbalar las gotas de lluvia. Una ciudad aislada que disfruta de su melancolía, como todo habitante en ella. Grandes calles, grandes casas, mucha gente y todos aislados, no tiene por qué ser malo, solo depende de la persona. Imagino que si la llaman la ciudad del amor en parte es por la fama de románticos de los franceses y en realidad porque cuando encuentras a alguien con quien vivir tu aislamiento debe ser el mejor lugar que existe.

Y luego está el cielo. El mismo en todo el mundo y tan distinto en cada ventana. El cielo de Barcelona tiene un atardecer hipnótico, para vivir callado. Además con un tiempo siempre cálido que parece que está esperando a que llegue ese momento del día. Entonces empieza a refrescar. Tú sigues hipnotizado.

En París la magia llega de noche. El que diga que el cielo solo es bonito si se ven las estrellas es que no entiende lo la oscuridad transmite. Desde mi habitación en la azotea, me siento en la ventana y veo los tejados de las casas cercanas, es como unir lo etéreo con lo físico. Después del atardecer, cuando ya apenas se perciben las líneas, un fulgor anaranjado nace del horizonte como un segundo crepúsculo permanente. A veces más débil, a veces más intenso. Imposible decir si es un efecto de luz natural o el esfuerzo humano por no sucumbir a los expresos deseos de la naturaleza. Supongo que por eso lo llaman la Ciudad de las Luces, porque está siempre viva.

A grandes rasgos, Barcelona es una ciudad para ser vivida, puede ser lo que tú quieras que sea. París hay que comprenderla, pero lo mejor de ella es que no tienes por qué haber nacido allí para sentirte como en casa.

Mis pensamientos sobre estas ciudades van más allá de lo físico. Los espacios donde vivimos los hacemos siempre un poco nuestros, por eso puede que no compartáis mi opinión y quizá lo que yo escribo aquí diga más de mí que de esos lugares.

Texto e imagen por Clara Raposo.

While the City Sleeps

El graffiti es difícil no asociarlo con el vandalismo. Y cómo: hay que reconocer que da asco pasar por una zona llena de firmas monocromáticas y sucias, unas encima de otras y sin ningún esmero estético. Los viejos dicen que son gamberradas de algún adolescente que empieza a desarrollar su resistencia a las reglas; y no están del todo desencaminados. Pero hey, de ahí a condenar todo lo relacionable con el Graffiti hay un paso. Un paso muy feo.

Pasar de la firma con un spray negro, sin relleno ni caligrafía, sin color ni forma, a la firma bicromática básica de cualquier persona que lleve más de unos meses saliendo a pintar, es pasar del vándalo bruto al vándalo sensible. A ver quién niega que para acabar una firma bicolor y con cierto volumen, hay que tener un mínimo de estilo –por muy hortera que sea. De ahí, el vándalo del spray sigue su evolución en términos de estilo y técnica.

La gracia está en sacarle el mayor partido a la ciudad, a cada pared, cada escalera, cada puente. Está en sorprender y llamar la atención, está en que los que comparten tu afición sepan quién eres y que no eres un mierdas. El caso es impresionar.

graffity

París, Quais de Seine, 2011.

Ya que estamos hablando de esto, se me ocurre así de repente que el Arte, tan difícil de definir, para mí es aquella creación que está destinada a suscitar emociones en el espectador, y que las suscita. Y entonces es cuando me dirijo a todo aquél incapaz de ver arte en una pintada: vale que las hay feas, pero en CUALQUIER BARRIO DE LA CIUDAD hay algo que te va a gustar. Porque sí, porque es así. Porque la gente que lo hace tiene buen gusto, saben lo que hacen, y ninguna persona, a menos que sea con mala fe, siente indiferencia hacia un dibujo pintado por alguien con ganas de llamar tu atención y de llenar la ciudad de perlas más o menos escondidas. Sal a pasear y fíjate, porque mientras la ciudad duerme, familias enteras de vándalos sensibles se encargan de darle color y vida a unas paredes que nos pertenecen a todos. Plasman en ellas el estilo que no sale por la televisión, el estilo que no se vende, el estilo del que realmente ama el color y el dibujo, el mago del placer visual.

Y que no jodan, si eso no es Arte, me dirán ellos qué lo es.

Y que jodan aún menos; si eso no es Arte por ser vandalismo, entonces Zara, Audi y Carrefour son unos criminales.

graffitie

París, verano 2013: “Laissez les murs propres” (Dejad limpias las paredes). Que alguien tenga el coraje de decirme que esta pintada no tiene encanto. ¿Cómo está más limpia esta pared: desnuda y color kaki o color kaki con una anciana vestida de blanco pintando encima?

Colaboración

Presentación

Bienvenidos todos a este proyecto de blog. Nosotras somos Sandra y Clara, tenemos 19 años y estudiamos Periodismo y Comunicación Audiovisual y Bellas Artes respectivamente.

Hemos empezado este blog con la intención de reflejar aquello que nos gustaría leer. Este proyecto surge de la necesidad de encontrar ese “algo” diferente, un espacio centrado sobre todo en la cultura y en la creatividad, da igual de qué tipo. Queremos exponer aquí todo lo que nos entusiasma o nos inquieta o nos divierte o nos parece injusto o nos llama la atención. Esperamos que os guste. Y si no, id a tocad el ukelele, muggles insensibles.